domingo, 7 de junio de 2009
En la azotea cantaban las gaviotas y yo sólo pensaba en que el cielo desapareciera otra vez y entre tus brazos morder, en pedazos el ayer que gritaba que la libertad que nos quedaba llevaba tanto tiempo encerrada que le dolian nos pulmones de respirar el mismo aire. Entrar. Salir. Entrar. Salir. Rutina. Vuelve a contemplarte el viento seco de las tardes marchitadas. Cada nube que nos vigilaba era silencio desconcentrado, que se había perdido en el lugar donde tu y yo nos encontramos ese viernes. Veinte segundos. Catorce veces te he recordado con prudencia. Las demás veces desconcertadamente, en mi delirio. De perderte. ¿Y ahora qué? Pestañas desahojadas. Ojos rojos. No vuelvas. Por mucho que te recuerde. Por mucho que te llore, que te grite. No. Por mucho que desgaste las letras de tu nombre. Ni que los laterales de mis miocardios queden despellejados, como goma de borrar. Quítate. Al respirar, me duele no sentir que tu aliento va a entrar. Pensamientos aéreos que desaparecenran en ya. Procura no hacer ruido al salir, apaga las luces que encendiste tú al entrar, propongo que pongamos un pestillo en el puente que hay, entre nuestras almohadas al cruzar. No dudes en acabarte todas las caricias de mis manos, róbame todas las pisadas que harán mis pies. Vuélvete, no me beses al marchar. Retuladores gastados ya no escriben el ruido de las olas al chocar contra nuestros cuerpos, éramos tan humiles que nos ahogábamos al pensar, que todo el aire que respirábamos podía asfixiarnos el día que dejaramos de vernos.
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A Paulette le encanta tu Blog.
ResponderEliminarEs una combinación de mucho-con-demasiado.
Bonito.
Un beso fluorescente,
;)