jueves, 25 de junio de 2009
lunes, 22 de junio de 2009
inevitable

te quiero y creo que debería odiarme. por entender que tu no quieras nada porque te ubicas en la cima de tu momento después del coma, por entender eso y por creer que por entenderlo era capaz de controlar mis sentimientos hacia ti. y se qe por mucho que lo piense yo no haré que tu cambies, por muchas promesas que me hagas, por muchos corazones que me dibujes, por muchas canciones que me dediques, por muchas horas que me distraigas, por muchos besos que me debas, por muchas veces que me vengas a ver. un día te cansarás. y lo sé. y lo siento porque entonces sufriré sabiendo que iba a pasar. y es que es inevitable tener tu cuerpo al rozar y no sonreir..
domingo, 7 de junio de 2009
En la azotea cantaban las gaviotas y yo sólo pensaba en que el cielo desapareciera otra vez y entre tus brazos morder, en pedazos el ayer que gritaba que la libertad que nos quedaba llevaba tanto tiempo encerrada que le dolian nos pulmones de respirar el mismo aire. Entrar. Salir. Entrar. Salir. Rutina. Vuelve a contemplarte el viento seco de las tardes marchitadas. Cada nube que nos vigilaba era silencio desconcentrado, que se había perdido en el lugar donde tu y yo nos encontramos ese viernes. Veinte segundos. Catorce veces te he recordado con prudencia. Las demás veces desconcertadamente, en mi delirio. De perderte. ¿Y ahora qué? Pestañas desahojadas. Ojos rojos. No vuelvas. Por mucho que te recuerde. Por mucho que te llore, que te grite. No. Por mucho que desgaste las letras de tu nombre. Ni que los laterales de mis miocardios queden despellejados, como goma de borrar. Quítate. Al respirar, me duele no sentir que tu aliento va a entrar. Pensamientos aéreos que desaparecenran en ya. Procura no hacer ruido al salir, apaga las luces que encendiste tú al entrar, propongo que pongamos un pestillo en el puente que hay, entre nuestras almohadas al cruzar. No dudes en acabarte todas las caricias de mis manos, róbame todas las pisadas que harán mis pies. Vuélvete, no me beses al marchar. Retuladores gastados ya no escriben el ruido de las olas al chocar contra nuestros cuerpos, éramos tan humiles que nos ahogábamos al pensar, que todo el aire que respirábamos podía asfixiarnos el día que dejaramos de vernos.
domingo, 10 de mayo de 2009
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érase una vez un niño al que el corazón dolía tanto que un día se le encogió el ventrículo izquierdo.
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